La televisión está cada día
más metida en la cabeza de todos. Hay casas en las que las personas se sientan
a comer alrededor de la tele y no se dice ninguna palabra para que la abuela,
la tía o la mamá no se vayan a perder el texto más importante de la teleserie
que dan a la hora de almuerzo. Es que, tú sabes lo que te pasaría si llegaras a
decir alguna palabra justo cuando Armando Felipe le declara su amor a Virginia
Aurora? Te lo digo simple: cagaste. Olvídate de las cositas ricas a la hora del
té y ni siquiera pienses que sigues siendo el nieto, sobrino o hijo querido, la
sangre de su sangre, no! Ya no eres el Dieguito, ni el Jorgito ni nada. Desde
el momento en que impides que tu abuela, tía o progenitora escuche que Armando
Felipe le dice aquellas 2 palabras a la mujer de su vida, después de haber
quedado ciego o inválido, pasas a ser el huevón que no la dejó escuchar la
declaración de amor y lo peor, es que el huevoneo no queda ahí, porque todas
las amigas se enteran, así que cuando ves alguna de ellas, siempre crees que
está pensando: -“éste es el huevón que no la deja ver la comedia”. La comedia
wn, la comedia!
Es tanto lo que le hacemos
caso a la tele, que ahora incluso el aparatito te dice lo que tienes que usar,
tomar o comer. No hace mucho estaba viendo tele en mi pieza, relajado, lánguido
y con cara de huevón, hasta que de un momento a otro, pasó. Uno de esos
comerciales que te cagan la onda. No porque no puedas comprar lo que te ofrece,
sino porque sabes que lo que dice es verdad; todo el mundo lo sabe y tú sabes
que lo saben, pero te haces el huevón. Este comercial era de un banco y contaba
la historia de otro huevón: un huevón que tenía 36 años y aún vivía con los
viejos. En ese momento dije –“pero qué huevón más bosta”. Claro, no había
pensado que no me falta mucho para ser un huevón como ese, porque 10 años pasan
volando, así que comencé a imaginar la forma de solucionarlo. Pensaba en plata,
otro trabajo, asaltar un banco, casarme con una vieja rica, etc. Justo ahí, el
comercial me dio la respuesta: después de cagarme la vida diciendo que estoy a
punto de ser un bosta como el que sale en el spot, me dice que me pasa plata
para que no lo sea y obvio, recalca que sería muy huevón si no aprovecho la oportunidad.
Qué ha hecho la tele para
que le permitamos ser considerada un miembro más de la familia? Nada. Sólo nos
quita tiempo y nos hace gastar plata después de ver esos anuncios en los que
prometen que vas a ser un huevón completamente distinto, cool y deseado sólo si
compras esta cerveza o si estudias en tal parte o si también usas tu segundo
apellido, porque es bacán! Quién ha olvidado que Milo te hace grande? Acaso el
chico Zaldívar no tenía tele en su casa? O no me digan que no se acuerdan de
ese yogurt que las mamás usaban para ahorrarse las lucas del sicólogo: “Todos los
días, la vida es algo nuevo. Todos los días, pequeñas grandes pruebas… Lo
podemos lograr, lo podemos lograr, si encontramos la fuerza para
vencer y para avanzar. Todo lo que queremos, con esfuerzo y con la
ayuda, de esas pequeñas grandes cosas, que nos llevan a triunfar…” Mentiras? No
lo sé. Lo que sí está claro es que deberíamos preguntarnos: es justo que valoremos
la opinión de un artefacto que no tiene corazón ni raciocinio ni ganas ni
sueños? No, pero eso lo conversamos otro día, porque está a punto de comenzar
mi programa favorito y sería muy huevón si me lo pierdo, o no?
