jueves, 31 de mayo de 2012

La TV nos hace huevones?



La televisión está cada día más metida en la cabeza de todos. Hay casas en las que las personas se sientan a comer alrededor de la tele y no se dice ninguna palabra para que la abuela, la tía o la mamá no se vayan a perder el texto más importante de la teleserie que dan a la hora de almuerzo. Es que, tú sabes lo que te pasaría si llegaras a decir alguna palabra justo cuando Armando Felipe le declara su amor a Virginia Aurora? Te lo digo simple: cagaste. Olvídate de las cositas ricas a la hora del té y ni siquiera pienses que sigues siendo el nieto, sobrino o hijo querido, la sangre de su sangre, no! Ya no eres el Dieguito, ni el Jorgito ni nada. Desde el momento en que impides que tu abuela, tía o progenitora escuche que Armando Felipe le dice aquellas 2 palabras a la mujer de su vida, después de haber quedado ciego o inválido, pasas a ser el huevón que no la dejó escuchar la declaración de amor y lo peor, es que el huevoneo no queda ahí, porque todas las amigas se enteran, así que cuando ves alguna de ellas, siempre crees que está pensando: -“éste es el huevón que no la deja ver la comedia”. La comedia wn, la comedia!

Es tanto lo que le hacemos caso a la tele, que ahora incluso el aparatito te dice lo que tienes que usar, tomar o comer. No hace mucho estaba viendo tele en mi pieza, relajado, lánguido y con cara de huevón, hasta que de un momento a otro, pasó. Uno de esos comerciales que te cagan la onda. No porque no puedas comprar lo que te ofrece, sino porque sabes que lo que dice es verdad; todo el mundo lo sabe y tú sabes que lo saben, pero te haces el huevón. Este comercial era de un banco y contaba la historia de otro huevón: un huevón que tenía 36 años y aún vivía con los viejos. En ese momento dije –“pero qué huevón más bosta”. Claro, no había pensado que no me falta mucho para ser un huevón como ese, porque 10 años pasan volando, así que comencé a imaginar la forma de solucionarlo. Pensaba en plata, otro trabajo, asaltar un banco, casarme con una vieja rica, etc. Justo ahí, el comercial me dio la respuesta: después de cagarme la vida diciendo que estoy a punto de ser un bosta como el que sale en el spot, me dice que me pasa plata para que no lo sea y obvio, recalca que sería muy huevón si no aprovecho la oportunidad.

Qué ha hecho la tele para que le permitamos ser considerada un miembro más de la familia? Nada. Sólo nos quita tiempo y nos hace gastar plata después de ver esos anuncios en los que prometen que vas a ser un huevón completamente distinto, cool y deseado sólo si compras esta cerveza o si estudias en tal parte o si también usas tu segundo apellido, porque es bacán! Quién ha olvidado que Milo te hace grande? Acaso el chico Zaldívar no tenía tele en su casa? O no me digan que no se acuerdan de ese yogurt que las mamás usaban para ahorrarse las lucas del sicólogo: “Todos los días, la vida es algo nuevo. Todos los días, pequeñas grandes pruebas… Lo podemos lograr, lo podemos lograr, si encontramos la fuerza para vencer y para avanzar. Todo lo que queremos, con esfuerzo y con la ayuda, de esas pequeñas grandes cosas, que nos llevan a triunfar…” Mentiras? No lo sé. Lo que sí está claro es que deberíamos preguntarnos: es justo que valoremos la opinión de un artefacto que no tiene corazón ni raciocinio ni ganas ni sueños? No, pero eso lo conversamos otro día, porque está a punto de comenzar mi programa favorito y sería muy huevón si me lo pierdo, o no?